Lana del Rey: “Born to die”

Hipnótica. Una canción para dejarse arrastrar en uno de esos días en los que la cabeza pesa, te has tomado una copa y parece que te hayas tomado diez. Recrearse en una tristeza probablemente fingida, o cuanto menos, no tan intensa. Hacerlo por mera poética. Reflexionar sobre el futuro incierto y el pasado errático. I was so confused as a little child, susurra Lana. Nacidos para morir, así que vivamos el momento. Y para ello, experimentar la languidez es una manera tan buena como cualquier otra.

“Born to die” es un tema del disco homónimo de Lana del Rey, editado en 2012 por Interscope y segundo álbum de la neoyorquina. Nacida, por cierto, en 1985, como la que escribe estas líneas.

Thinking about Lana…

Después de una tarde de biblioteca y trabajo, me regalo un ratito en el blog para contarte algunos pensamientos que han cruzado mi mente durante el día, al hilo de un asunto, como siempre, musical. Ayer, sin querer o sin querer evitarlo, tropecé con los premios EMA en la MTV. La música más comercial del momento, actuaciones en riguroso playback algunas, voz en directo en otras y mucha puesta en escena, ¡a veces cuesta resistirse! Pues bien, en un momento de la gala apareció Lana del Rey. Sí, esa chica lánguida y con cara triste e inexpresiva que aparece en todas las marquesinas de H&M. Es curioso, hasta entonces, lánguida e inexpresiva eran los únicos adjetivos que me venían a la cabeza cada vez que me tropezaba con su imagen. Incluso le había dado alguna oportunidad a Video Games, y la canción me había dejado la misma sensación aguada que me dejaba su perfil en las fotos.

Esta mañana, no sé porqué ni porqué no, he decidido darle una segunda oportunidad a su música. Su estética llama la atención, tiene montones de fans, he pensado, algo tendrá. Pero en vez de eso, he tropezado con su historia personal. Resulta que Lana del Rey es un personaje ficticio (hasta ahí nada nuevo), pero calculado al milímetro, hasta el punto de haber sido modelado a base de bisturí. Parece ser que la ni el nombre ni la imagen original de Elizabeth Woolridge eran suficientemente buenas para el mercado. Lo intentó como Lizzy Grant, en un proyecto previo que fracasó, hasta que su representante decidió convertirla en la reencarnación contemporánea del Hollywood dorado de Dean, Sinatra y Presley. Nada podía quedar fuera de control: incluso el nombre del proyecto, una combinación entre Lana Turner y el automóvil Ford Del Rey del 81, fue elegido por su mánager. A partir de ahí la historia es conocida. En apenas un año, Lana del Rey ha llegado desde los números uno a las entregas de premios, a los catálogos de moda. Pero, ¿a qué precio?

Hoy escuchaba Born to Die, y veía fotografías de Elizabeth y de Lana. Retoques quirúrgicos innecesarios (que ella niega insistentemente), una voz sin pasión, dejar atrás quien eres para pasar a ser… distinta. Distinta hasta el extremo, una barbie preciosa pero de plástico, perfecta e inalterable en su pose decadente. Y es que quizás Lana, al repasar el Hollywood dorado no tuvo en cuenta la cara oscura de mujeres como Marilyn Monroe o Natalie Wood: mujeres partidas en dos que apareciendo perfectas ante las cámaras se consumían por dentro en una nube de miedos, sin llegar a saber nunca qué fue de su antiguo yo. Esto andaba yo pensando, y Born to die, cada vez me enganchaba más. Me sonaba más triste y deprimente que nunca.

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Ciertamente, es pronto para todo esto. Lana del Rey acaba de lanzar su carrera y está en un buen momento. Pero si esto pasa, ¿habrá merecido la pena?