Retrospectiva: “Arnold Layne”, Pink Floyd (1967)

Miramos hacia atrás y recuperamos el que fue el primer single de éxito de Pink Floyd, “Arnold Layne”, un tema que fue muestra del genio creativo del desaparecido Syd Barrett.

por José Montes

Hoy centramos nuestra mirada en una canción, unos la tacharon en su día de “obscena”, otros de “inteligente e irónica”, algunos de “extraña”, yo la definiría  por encima de su calidad musical como “histórica”. Hablamos de Arnold Layne, primer sencillo de Pink Floyd.

El  27 de Febrero de 1967, los cuatro jóvenes que entonces formaban un grupo que empezaba a estar en boca de todos, Roger Keith Barret, más conocido como Syd Barret, (guitarra, voz y genio del grupo), Roger Waters (bajo), Nick Mason (batería) y Rick Wright (teclados), entraban en los  estudios  Sound  Techniques  de Chelsea de la mano de Joe Boyd. Boyd era DJ residente de la sala UFO, templo del movimiento underground  de la época,  donde tocaban con frecuencia. Su idea era grabar seis temas y escoger dos para el single, aunque finalmente solo grabaron dos, pues era prioritario para ellos lanzarlos al mercado cuanto antes: Arnold Layne como single principal y Candy and a currant bun como cara B, ambas de Syd.

Arnold Layne cuenta  la historia de un hombre que robaba ropa de mujer de los tendederos  del vecindario para travestirse. Waters insiste en que era una historia real, que tanto su madre como la de Syd tenían estudiantes  subarrendadas, ya que en su calle había un colegio femenino, y recuerda largas hileras de sujetadores y bragas en los tendederos, de los cuales algunas desaparecían con frecuencia.

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El single se publicó el 11 de Marzo, causando gran sensación. Inmediatamente Radio London lo prohibió, lo que como siempre contribuyó rápidamente a agrandar su fama. Poco a poco, medios y críticos empezaron a hablar bien del disco que llegó a ser nº 20 en las lista de éxitos del “Record  Mirror”. Valga como ejemplo la definición que hizo el poeta vanguardista de la época Pete Brown: “Arnold Layne es un hito en la música pop”.

Pink Floyd, de la mano de Syd Barret, empezaba a abrir un nuevo camino musical en la escena del pop británico, convirtiéndose rápidamente en un grupo de renombre. Con su ascensión inmediata, vinieron las presiones, lo cual empezó  a marcar el principio del fin de Syd en el grupo, pero esa es otra historia que abordaremos otro día. Un dato curioso, es que Arnold Layne, nunca formó parte de un LP del grupo, solo se publicó como sencillo original en 1967, y una reedición en 1997 de los 6 primeros temas del grupo. Más tarde sí se incluiría en sus recopilatorios Relics y  Echoes.

Arnold Layne had a strange hobby
collecting clothes
moonshine washing line
they suit him fine
on the wall hung a tall mirror
distorted view, see through baby blue.

Now he’s caught – a nasty sort of person
they gave him time
doors bang – chain gang – he hates it

Oh, Arnold Layne
it’s not the same, takes two to know
two to know, two to know
why can’t you see?
Arnold Layne, Arnold Layne, Arnold Layne, Arnold Layne.
Don’t do it again.

Traducción:

Arnold Layne tenía una extraña afición
recoger ropa
del tendedero a la luz de la luna
Le sentaban bien.

En la pared colgaba un espejo alto
visión distorsionada, ver a través del azul celeste
oh, Arnold Layne
no es lo mismo, se necesitan dos para saberlo.

¿No te das cuenta?
Arnold Layne, Arnold Layne, Arnold Layne, Arnold Layne.

Ahora está atrapado – un tipo de persona asquerosa

Le dieron tiempo
portazos –prisioneros encadenados- él lo odia,
oh, Arnold Layne
no es lo mismo, se necesitan dos para saberlo.

¿No te das cuenta?
Arnold Layne, Arnold Layne, Arnold Layne, Arnold Layne
No lo vuelvas a hacer.

The Knack: la historia tantas veces repetida

Un repaso a la historia del grupo americano creador de “My Sharona”, por José Montes.

por José Montes

Hace unos días llega a mis manos un disco recopilatorio de canciones para despertarse (todavía queda gente que compra discos), y en él me encuentro la canción My Sharona del grupo The Knack. Esta canción y la historia que hay detrás me hace pensar en aquello que tantas veces se repite en el mundo de la música. Os invito a que le echemos un vistazo en esta nueva “Retrospectiva”.

The Knack: Un grupo que tocaba en locales californianos de los 70 melodías pegadizas acompañadas de riffs de guitarras, con un sonido distinto a la dominante música disco del momento. En 1979 firman con el sello Capitol y graban su primer disco Get The Knack, el cual se convierte en éxito arrollador. No hay más que pensar en su single “My Sharona”, que llega al nº 1 de Billboard siendo uno de los debuts  más exitosos de la historia de la música. El disco incluyó también otros temas, muy bien valorados por la crítica de aquel entonces, como “Let me out”, “Your number or your name” o “Good girls don’t”.

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Se convierten así en las estrellas del panorama musical estadounidense, y empiezan las comparaciones en prensa: “los nuevos Who”, “los nuevos Kinks”, incluso se llegó a decir que habían surgido “los nuevos Beatles”. Estas reacciones de la crítica no son siempre fáciles de digerir, y el grupo pasa a comportarse con un fuerte divismo, y empiezan a distanciarse de esa misma prensa que los había elogiado. Ya no conceden entrevistas, y actúan de forma un tanto prepotente; lo que se termina volviendo en su contra, con una campaña de desprestigio mediático bastante fuerte.

En medio de este clima tenso, en 1980, sale al mercado  su segundo trabajo But the Little girls understand, disco que no tiene la fuerza  de Get The Knack, pero puede considerarse un buen trabajo. Sin embargo, las críticas son bastante negativas y las ventas escasas. Round  Trip en 1981, volvió a gustar a los críticos, pero las ventas  no se recuperaron y el grupo se disolvió. A partir de ahí, varias reuniones en fechas posteriores, discos recopilatorios, incluso algún disco nuevo de estudio, pero todo se había acabado.

La historia de The Knack ha terminado definitivamente en este 2010 con la muerte del cantante y fundador del grupo Doug Fieger. En definitiva, una gran canción, para la historia de la música pop y un buen grupo que quedó en el camino… la historia, como decíamos, tantas veces repetida.

Puedes escuchar “Get the Knack” en Spotify con un clic!

Retrospectiva: Otro ladrillo en el muro (The Wall, Pink Floyd, 1979)

por José Montes

Leo en las noticias musicales que Roger Waters, se lanza de nuevo a una gira mundial, esta vez celebrando el 30 aniversario de The Wall (El Muro), lo cual me lleva en esta mirada retrospectiva a situarnos en Septiembre de 1977.

Recién terminada la maratoniana gira de Animals, que duró seis meses y aterrizó en nueve países diferentes incluyendo por primera vez grandes estadios, Waters se sentía horrorizado: veía que algo tan personal como eran sus canciones terminaban siendo “un ritual circense sin sentido”.

En su vuelta a casa, Waters afirmó que si Pink Floyd realizaba otro gran espectáculo en directo, este sería prácticamente detrás de un…muro. Y nunca mejor dicho. 

Tras un largo período de reclusión en la casa que tenía en el campo, se presentó ante el resto de la banda con un proyecto que llevaba largo tiempo dando vueltas en su cabeza. En principio, su idea era lanzarlo al mercado en solitario, pero debido a los problemas financieros que atravesaba la banda (habían sido prácticamente estafados por un joven contable, Andrew Oscar Warburg, que les ocasionó graves problemas con el fisco), y al recibir un adelanto de 4.5 millones de CBS y EMI, la decisión estaba tomada.

The Wall terminaría siendo un doble disco con 27 cortes. Ante un proyecto tan complejo y ya que sus diferencias musicales con David Gilmour eran cada día mas evidentes, Roger Waters decidió incorporar un coproductor, Bob Ezrin, que a la postre fue vital su mediación entre ellos para conseguir sacar adelante el proyecto. 

El disco traza un camino diferente en la música de Pink Floyd. Destacar una u otra canción sería un poco absurdo, ya que la obra  en sí es una línea de principio a fin. Éste retrata la vida de una estrella ficticia del rock,  “Pink”, cargada con todos sus traumas, la muerte de su padre durante la Segunda Guerra Mundial, una madre sobreprotectora, la opresión de la educación británica, sus fracasos sentimentales y la gran presión de ser una gran figura del rock, el uso de las drogas y un “asma” enfermizo, hacen que vaya creando su mundo de fantasía autodestructiva detrás de su muro. Este es un argumento que es, en gran parte, autobiográfico del propio Waters, ya que en su vida hay muchos hechos similares a los de la vida de “Pink”. 

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Los efectos de sonido fueron superiores a otros discos de Pink Floyd: helicópteros, bombarderos, llantos de bebé, voces de patio de escuela, marcaciones de teléfono y un largo etcétera de voces y sonidos, que van tejiendo y uniendo toda la obra entre sí. Los arreglos orquestales, corrieron a cargo de Michael Kamen, para lo que contó con una orquesta de 55 músicos. La calidad de sonido final fue excelente.

En cuanto a aportaciones individuales, la aportación musical de Dave Gilmour fue la siguiente: coescribir “Run like hell”, adaptar a su estilo “Young Lust”, y el gran acierto; rescatar una canción suya descartada, “Comfortably Numb”, que terminaría siendo una de las perlas del disco, además de ayudar a Roger en la música de las diferentes canciones.

Con lo que podemos afirmar que The Wall es la gran obra de Roger Waters, ayudado por Dave Gilmour; los otros dos componentes de Pink Floyd, Nick Mason a la batería y Richard Wright (que figuraba como músico contratado debido a las diferencias con Waters) a los teclados, solo aportaron su parte en la interpretación, más que en el concepto del álbum.

La grabación del disco se realizó entre abril y noviembre de 1979 y se publicó el 30 de Noviembre de ese mismo año. El resultado: un gran éxito comercial, el single “Another brick in the wall (part 2)” disparó las ventas del álbum, pasando a ser uno de los más vendidos de la historia del rock. 

En la crítica de la época se dijo de todo. Yo me quedo con la frase de Chris Brazier, crítico de la revista Melody Maker: “No estoy seguro si es brillante o terrible, pero a mí me resulta totalmente irresistible”. 

De su gira espectacular pero ruinosa,  la película de Alan Parker y de las continuas representaciones de la obra (la más popular, la organizada por Roger Waters en 1990 con motivo de la caída del muro de Berlín), hablaremos en otro momento.

 

Retrospectiva: Lone Star

por José Montes

Nuestra mirada retrospectiva de hoy va dirigida hacia uno de los grandes grupos históricos de nuestro país: Lone Star. No es un grupo típico, y es por muchos considerado una de las formaciones musicalmente más interesantes que ha dado nuestra música, pese a que para otros muchos no sea fácil dar un título de su discografía. Pioneros en muchos ámbitos, como la composición en inglés o la combinación de géneros, indudablemente merecen un lugar en este espacio.

La historia empieza en 1959, cuando el barcelonés Pedro Gené (pianista de conservatorio), se marcha durante un año a Londres, donde vive toda la eclosión del nuevo sonido del rock. A su vuelta a la capital catalana, trae consigo la idea de formar un grupo. Así que reúne a unos compañeros de estudio y de ahí nace la primera formación: Rafael de la Vega (bajo), Enrique López (batería), Enric Fuster (piano) y Pedro Gené  (voz y guitarra). A lo largo de la larga carrera del grupo (su primer disco se grabó en 1962 y sus últimos conciertos  fueron en 1996), los cambios en su formación fueron constantes (llegaron a haber quince componentes diferentes), aunque el grupo nunca dejó de contar con su fundador.

Una vez definida la banda, su camino discográfico se inició con EP de cuatro canciones, de las cuales destaca  “My Babe”; no en vano, es el primer rock en inglés grabado en España.

Los logros siguieron. En uno de sus siguientes EPs, Lone Star graba una versión en castellano de “House of the rising sun” de The Animals, traducida como “La casa del sol naciente”. Su éxito es tal que en España y Sudamérica llega a venderse más que la versión original,  lo cual lleva a EMI a organizar un concierto con ambos grupos. De nuevo el éxito de la iniciativa, obligó a EMI a repetir el evento.

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Corría el año 1965. Pedro intentaba lanzar sus propias canciones, pero EMI  solo quería versiones para seguir cosechando ventas: “Comprensión” (“Don’t let me be misunderstood“), Yo lloro (I’m crying) o Muy lejos de aquí (We gotta get out of this place), así como también alguna de los Rolling Stones como “Satisfacción” o “Aquí en mi nube“.

Por fin en 1966, Gené consigue un acuerdo con la discográfica y lanzan un disco compuesto al cincuenta por ciento de versiones y creaciones propias: “Antología de un conjunto “, del cual destacan “La leyenda” y “Río sin fin”. Y es aquí cuando comienza la verdadera etapa de creación propia del grupo, que por aquel entonces hacían algo inusual: tocaban rock y jazz, dividiendo incluso sus conciertos en estos dos géneros.

Los éxitos se suceden: “Mi calle” o “Lyla” (1968), “La trilogía” (que fue elegido mejor tema del año 1969), “Spring 70” (1970) o en 1972 “Chica solitaria“ o “My Sweet Marlene”. Es en ese año cuando Lone Star realiza conciertos en lugares tan dispares como el portaviones estadounidense “John Fitzgerald Kennedy” o el Palau de la Música Catalana, lugar por aquel entonces poco dado a ese tipo de eventos. Vale decir que en aquella ocasión, al jazz y al rock se añadió la música clásica.

Tras “Pobre pescador” (1974) con la discográfica Diresa, en 1975 y con Diplo Records, consiguen otro de sus hitos como banda: se convierten en el primer grupo en hacer “rock català“. En los años siguientes, el grupo sigue el carrusel de cambios internos y de publicación de álbumes, aunque ya sin tanto éxito. Pese a ello, en la memoria quedan momentos como el concierto que ofrecieron en Montjuïc junto a Eric Burdon  en 1982 en la “Festa del Treball” con una asistencia de 120.000 personas. Ese mismo año graban el que sería su último gran trabajo,  “Viejo Lobo”.

En la década de los noventa, tras cuarenta años de carrera, el grupo hizo algunas apariciones, como la del festival GREC de Barcelona en 1996, donde interpretaron sus éxitos con amigos como Manolo García, Loquillo, Los Rebeldes o Rosendo. Su despedida definitiva llegaría poco después con un concierto en el “Mercat de Música Viva de Vic”. Así se cerraba la historia de uno de los grupos más importantes, como también menos conocidos y valorados de nuestra historia musical.

LONE STAR – MI CALLE:

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LONE STAR – AL JAZZ:

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Retrospectiva: The Traveling Wilburys

por José Montes

Primavera de 1988, Los Angeles, tres amigos se encontraban cenando: Jeff Line , Roy Orbinson y George Harrison. Este último estaba  en aquella época grabando su disco “Cloud Nine” e invitó a sus compañeros a que lo acompañaran al estudio de grabación, pues necesitaba un tema para la cara B del sencillo de lanzamiento. Decidieron ir a casa de Bob Dylan que tenía un pequeño estudio de grabación; fue difícil comunicarse con él, siempre lo era, pero aquel día hubo suerte. George  Harrison de camino al estudio, pasó por casa de Tom Petty a recoger una de sus guitarras y este se fue con él. Éste fue el casual y afortunado inicio de uno de los “supergrupos” más destacados: The Traveling Wilburys

Una vez reunidos, la imagen era increíble: cinco de los músicos más importantes de la historia del rock, tocando sus guitarras en la cocina, ya que no cabían en el estudio por ser tan pequeño. Al momento, ya tenían una canción:  “Handle with care”. Tanto les gustó el resultado que George propuso hacer nueve canciones más  y editar un álbum, a lo que todos se mostraron encantados. El único problema era que Bob Dylan solo disponía de nueve días, ya que debía salir de gira (Bob y su eterna gira…) Así que se pusieron en marcha el 7 de Mayo: tenían el reto por delante de escribir una canción diaria.

Finalmente, las grabaciones se realizaron en el estudio de Dave Stewart: un par de horas para componer y a grabar por las noches. Y así fueron emergiendo las canciones día a día.  El nombre para el grupo fue obra de George Harrison y Jeff Line . The Traveling Wilburys, en relación a los restos de canciones que siempre se desechan en un estudio de grabación. El título del disco Traveling Wilburys vol. 1 y canciones destacadas fueron  “Handle with Care”,”Congratulations” y “End of the Line”.

El lanzamiento se produjo en  Octubre del mimo año 1988 y terminó convirtiéndose en doble disco de platino. La alegría que esto les produjo, se vió truncada el 8 de Diciembre por la repentina muerte de un infarto del Lefty Wilbury: Roy Orbinson.

Reunidos de nuevo, pasados varios meses, decidieron hacer un segundo disco en homenaje al desaparecido Roy, lo llamaron:  “Traveling Wilburys vol. 3″.  En él,  la mayor parte de las composiciones son de Bob Dylan, y las más oídas fueron “She’s My Baby” y “Wilbury Twist”, consiguiendo de nuevo un disco de platino.

Curiosamente, en ambos discos, los integrantes del grupo aparecen ocultos bajo el nombre de los hermanos Wilbury.

En Traveling Wilburys Vol. 1:

En Traveling Wilburys Vol. 3:

Con la muerte de George Harrison en 2001, desaparecieron definitivamente los rumores de su reencuentro. Ahora, desde el presente, al ver el rodaje de la película que se realizó durante los ensayos y las grabaciones, una sensación destaca sobre las demás: la amistad y espontaneidad que se respira en el ambiente, por otra parte muy doméstico, completamente alejado de la hipotética idea de “supergrupo” que todos llevaríamos en la cabeza. Una de las mágicas casualidades de la historia del rock.

THE TRAVELING WILBURYS – HANDLE WITH CARE

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Retrospectiva: Carlos Santana – "Abraxas"

Inauguramos una sección especial para este espacio: os presentamos nuestra “Retrospectiva“. En un momento en que todos vivimos con prisas, contando los minutos del reloj para no llegar tarde o para salir temprano, hacemos una pausa para volver la vista atrás. Para comentar y compartir con todos vosotros discos, hechos, momentos de nuestra historia musical, en definitiva, la nuestra propia. El encargado de regalarnos estos viajes en el tiempo es José Montes, y su primera entrada, dedicada al álbum que marcó la trayectoria de uno de los grandes: Carlos Santana. Que la disfrutéis.

por José Montes

En nuestra mirada retrospectiva de hoy, hablaremos de un disco que logró una fusión espectacular para la época: unir los caminos del rock con los de la música latina, con tintes de salsa y jazz.

Hablamos de “Abraxas” de Carlos Santana, que vio la luz en el verano de 1970, siendo su segundo disco. Procedente de la escena rock de San Francisco , su primer albúm homonimo recibió muy buenas criticas, como la que publicó la revista americana “Rolling Stone“ : “Santana hacía por la música latina lo que Chuck Berry había hecho por el blues”.

Volviendo a “Abraxas” no es una exageración decir que la conjunción de músicos fue genial. A la impecable guitarra de Carlos, se unen el órgano de Gregg Rolie, el bajista Dave Brown y el batería Mike Shrieve; todo ello secundado por los timbales y las congas de Mike Carabello y José Chepito Areas, el piano de Alberto Gianquinto y la percusión y voz de Rico Reyes.

De los nueve temas del disco, “Black Magic Woman“ (original de Fleetwood Mac del año 1968) y “Oye como va“ se convirtieron rápidamente en clásicos de la radio. El punto mas rockero del disco lo ponían “Mother’s Daughter“ y “Hope You’re Feeling Better”, mientras que el lucimiento de la Gibson de Carlos llegaba en “Samba pa ti“.

Prueba de la importancia de este álbum, son las más de un millón de copias vendidas y  las 33 versiones que se han hecho de él en todo el mundo. Así  “Abraxas” en su cuarenta aniversario sigue manteniendo su vigencia, su calidad y la originalidad que le caracterizó en su día. 

Escucha el disco completo en Spotify!

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