Roger Waters, Parsifal y los musicólogos

Por carambolas de la vida, tuve la suerte este año de ver por dos veces a Roger Waters en su gira de aniversario de “The Wall”, en el Palau Sant Jordi en Barcelona y en el Palais Bercy, en París. Del álbum ya hablamos en su día, y sobre los conciertos se han escrito líneas y líneas en los diferentes medios de comunicación. Es por eso que prefiero salir de la crítica pura y dura, para entrar en terrenos más… musicológicos. ¡Y que nadie se me asuste! No soy yo de tochos incomprensibles… Espero no caer en la trampa justo hoy.

Al grano: lo que vi fue mucho más que un concierto cualquiera. Las aproximadamente dos horas de música encerraban mucho más que un artista concreto interpretando un álbum. Aquél disco, que había sido un retrato autobiográfico del propio Waters hace más de treinta años, crecía: sus significados se habían ampliado, pasaban de un individuo a todo un colectivo social. Las imágenes y símbolos que acompañaban cada uno de los cortes del álbum, nos remitían a algo más grande: tú eras también aquel crío asustado tras el muro. De esta manera, el enfrentamiento de Waters a su propia historia se convertía en el enfrentamiento de todos contra un sistema. Así pues, el álbum no sólo resistía el paso del tiempo, sino que cambiaba, se actualizaba por sí mismo y parecía tener más sentido que nunca.

Esta sensación, combinada con el despliegue tecnológico y escenográfico, que acompañaba al desarrollo sonoro con un impecable desarrollo visual, me remitió directamente a aquellas horas de estudio dedicadas, sí, a Richard Wagner. Horas que giraban sobre un concepto: la obra de arte total, la gesamtkunstwerk, para ser más exactos. Esta idea tan propia del compositor germano abogaba por óperas que fuesen más que óperas: más que música, más que teatro, más que arte plástico. Buscaba crear algo que trascendiera todo aquello, que extrajera lo mejor de cada arte en beneficio de una última creación.

Antes de que algún wagneriano se me eche encima, aclararé: ¿Qué tienen que ver Roger Waters y Richard Wagner? A parte de compartir iniciales, no mucho. Pero lo que me hizo retrotraerme hasta el XIX fue una idea que se da en contadas ocasiones: la obra superando al creador. Así como las obras de Wagner sobreviven más allá del propio autor, se reinventan año tras año, las hemos visto con mil y una escenografías, ¿porqué no imaginar un The Wall re-interpretado dentro de, quién sabe, treinta años? De igual manera que “Parsifal” existe por sí mismo, también “The Wall” tiene su propia entidad.

Está por llegar el estudio musicológico que defienda su cohesión interna, su capacidad de renovación, el mundo audiovisual que se ha creado a su alrededor. Aún parece quedar lejos y pondré un ejemplo práctico. Durante mis estudios, hice justo esta propuesta de trabajo a uno de mis profesores. La respuesta fue: “Deberías saber que no es lo mismo analizar a Liszt que a La Macarena”. Ante esto, sólo me quedaron más ganas aún de enfrentarme al estudio algún día y una frase popular rondándome la cabeza: ¡qué atrevida es la ignorancia!

Joan Colomo, en bruto

Si hay un personaje en la escena musical catalana al que no puedo parar de escuchar estos días, ese es Joan Colomo. Tras descubrirlo en un PopArb hace un par de veranos, me enganché. Era algo distinto, fresco y original, que podía llegar incluso a desconcertar. Y es que a Colomo, o lo quieres o lo odias. Y en mi caso, aquel “Contra todo pronóstico” pasó directamente a mi lista de favoritos.

Es por eso que, tras este álbum y un par de conciertos más, llega la noticia del lanzamiento de “Producto interior bruto, vol. 1”. Y una vez escuchado por varias veces, las expectativas estaban más que cubiertas. Un disco efervescente, con doce cortes que pasan en apenas 27 minutos. Quizás de ahí la denominación que algunos le dan, “cantautor punk”. Igualmente, las letras de estas canciones las convierten en pequeños alfileres de escasos dos minutos: bajo una apariencia a ratos divertida, a ratos relajada, asoma la crítica social, la acidez (que no de estómago) y la mordacidad. Pirotecnia barata, Fe en el acné o La industria son prueba de ello. Por supuesto, también hay lugar para el amor en este pequeño universo. Pero un amor que no quiere ñoñerías ni tópicos: símiles campestres en Hort mort o  aires de La Movida en Cada día más.

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El pasado día 1, estrenamos septiembre con la presentación en vivo de este álbum en la sala Moog de Barcelona. Pese a que tengo una debilidad especial por los conciertos en que Colomo se acompaña a sí mismo únicamente con su guitarra y su inseparable pedal de loops, ese día se presentó con banda al completo, y pese a que mi amiga insistía en que aquella sala no era más grande que el comedor de su casa (o quizás gracias a eso), se creó un clima divertido, fiestero y familiar, con momento entrañable incluido, cuando le tocó el turno a L’Ocell. ¿Mi recomendación? Colomo en vivo para pasárselo bien, Colomo en lata para pensar un poco más. Y viceversa, que creo que también funciona.

Puedes escuchar a Joan Colomo en Spotify, con un clic aquí!

Los Mapas de Vetusta Morla

A veces tropieza una con discos que necesitan de un tiempo para ser asimilados. Nos estamos acostumbrando a un ritmo informativo vertiginoso, que nos lleva a crearnos opiniones drásticas sobre acontecimientos de forma casi immediata, y lo que sucedió ayer, mañana quedó en el pasado. Y yo, que queréis que os diga, no quiero acostumbrarme. Igual que no es lo mismo comerse una insípida barrita sustitutiva en tres minutos que sentarse a la mesa y masticar cada bocado. En ambos casos habrás comido, sí. Pero no es lo mismo.

Esa sensación también podría aplicarse a la música. Muchos compiten en ver quién es el primero en reseñar un lanzamiento, en escuchar los treinta segundos de avance, en devorar la barrita de fresa sintética. Quizás este sistema sirva para dar salida a discos de consumo inmediato, discos inconexos que no son más que una suma de doce o catorce cortes que tanto podrían ir ordenados de arriba a abajo que de abajo a arriba. Pero luego están las pequeñas obras de arte, y aquí es donde llega Vetusta Morla, con su disco “Mapas” bajo el brazo.

Sí, estuve en el primer concierto de Barcelona. Fue una noche increíble, y salí de la Sala Bikini con el disco en la mano, pero hasta ahora no he creído que pudiera dar una opinión medianamente meditada. La euforia de los conciertos ayuda a ensalzar sin medida, y sobretodo si las veladas son de la talla de la que nos ofrecieron los madrileños el pasado día 10, que abrieron con unos “Días raros” que ponían el vello de punta. Recuerdo cómo no podía abrir más los ojos, como si quisiera que el sonido también entrase por ahí. Algunas canciones más tarde, me empecé a habituar a la sensación y esa especie de éxtasis inicial fue disminuyendo, y fui prestando atención, sin querer, a las pequeñas incomodidades de cualquier concierto: el chico alto que inevitablemente siempre está delante de tí (sobretodo teniendo en cuenta que una no es lo que se dice, demasiado espigada), cuando no es una chica con pelo rizado que lo mueve frenéticamente a un lado y a otro o alguien que vocea la canción a pleno pulmón todo lo dentro del tono que puede, aun sin conseguirlo del todo. De cualquier forma, la sensación de estar escuchando buenos temas no disminuye. Centro mi atención en lo que pasa arriba: la ejecución es prácticamente perfecta, el grupo domina las nuevas canciones y hace sonar las antiguas como nunca (¡quizás debiera decir como siempre!). El volumen en ocasiones abruma, como en ese interludio psicodélico de que dotan a “La Marea“, una canción que empieza en las líneas más acústicas y limpias, deriva en un mar de sonidos distorsionados y compases irregulares y vuelve a su clima inicial, como si nos hubiéramos quedado atrapados en medio de una tormenta que finalmente amaina. Intensidad y más intensidad. Eso fue lo que vivimos en la sala Bikini, pese a esa costumbre que empieza a ser insufrible de tapar los acústicos de guitarra y voz desde el público. (Como si aquello fuera un karaoke, oiga.)

Aunque, la verdad, prefiero no quedarme con eso. Una vez digerido el concierto y el álbum, sólo podría quitarme el sombrero que no tengo ante esta vuelta tan esperada. No ha debido ser un trago fácil, y más con un listón como el que dejó “Un día en el mundo“, que dejó críticas difícilmente superables, como la del periodista Santiago Alcanda, que lo describió como el “mejor primer disco de un grupo en la historia del rock español“. No seré yo quien lo desmienta. Pero volviendo a “Mapas“, es un trabajo de orfebre (nota: también en cuestiones de diseño gráfico). Cada canción llega en su momento justo. La gran obertura de “Días raros” da paso a la sinceridad de “Lo que te hace grande“, que a su vez tiene continuidad con “En el río“, y así podría seguir hasta llegar al último corte. Un sonido elaborado, pero no cargante. Texturas llenas pero claras. ¡Dinámicas de volumen! (Sí, ¡eso que es tan difícil encontrar en el pop!). Líneas melódicas que suenan a Vetusta, pero sin hacerse repetitivas. Lo dicho, ¿se nota mucho que prefiero la comida a fuego lento?

Escucha “Mapas” en Spotify!

Una velada en el Romea con Manel

El pasado sábado se despedían del Teatre Romea de Barcelona Manel, grupo que ha conseguido colgar el cartel de “no hay entradas” cinco días seguidos para la presentación de su disco “10 milles per veure una bona armadura”. Y es que este grupo tiene algo especial: quizás sea la extrema originalidad en sus letras (no deja de sorprendernos la idea de, por ejemplo, Benvolgut, o la profundidad de La bola de cristall), el timbre de voz de Gisbert, la combinación de ritmos relajados y líneas agradables, o quizás todo lo anterior.

Exactamente eso fue lo que mostraron este sábado. Con todo y que el público estaba más que predispuesto a terminar bien su día de Sant Jordi, se alzó el telón y la noche se abrió con En Miquel i l’Olga tornen. El formato del concierto fue el más básico posible: los cuatro miembros del grupo sin ningún músico añadido más, es decir, batería, bajo, guitarra eléctrica y según el tema, acústica o ukelele. Esta decisión contrasta con la producción de su último álbum, cargada (¿sobrecargada?) de arreglos que van de toques electrónicos (Boomerang) a arreglos de tinte orquestal que cambian a cada sección (Aniversari). De esta manera, la puesta en escena de estos temas tuvo que adaptarse al cuarteto, con mayor o menor fortuna según el caso. De cualquier modo, soy de las que los prefieren sin adornos ni ambages excesivos, y temas como El gran salt, o Criticarem les noves modes de pentinats sonaron más directos y sinceros que en su versión enlatada.

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(Para aquellos que no controléis el catalán, si veis este vídeo desde Youtube, encontraréis la traducción en la descripción del vídeo!)

El ambiente durante todo el concierto fue de complicidad entre el grupo y con el público, pese a reconocer que ya se encontraban algo cansados tras todos estos días de presentación. No ayudó demasiado la afinación de las guitarras en algún momento, pero dejando esto a parte, los que sonaron claros y precisos, con gran respuesta (mayor si cabe) del público, fueron los temas de su primer álbum. Al mar, Pla Quinquennal o En la que en Bernat se’t troba funcionaron a la perfección.

El concierto terminó con Deixa-la, Toni, deixa-la, una canción que sorprende por lo poco que tiene que ver con el resto y que, para mi gusto, no termina de funcionar del todo en el álbum, aunque como cierre del concierto del sábado, consiguió que todo el público cantase esta línea marinera y la noche nos dejara un gran sabor de boca.  Y es que, pese a que uno quiera resistirse, acaba cayendo sin remedio en la sonrisa perpetua y la piel de gallina que despierta este grupo catalán.

Escucha a Manel en Spotify!

Libre Asociación, renovado The New Raemon

Lo nuevo de The New Raemon sorprende desde el primer corte. En esta Libre Asociación, editado por B-Core, el sonido de Ramon Rodríguez ha ido más allá de las líneas propuestas en ese EP imprescindible que fue Cuaresma o en Epés Reunidos, volviendo a ambientes más introspectivos, que quizás podríamos a primera escucha, relacionar con su etapa en Madee. Se presenta pues, un conjunto de  canciones intensas como la que abre el álbum, Lo bello y lo bestia, con arreglos que, si bien son más duros de lo acostumbrado, encajan perfectamente en la atmósfera de tonos pop casi épicos que encontramos también en otros títulos como El verdugo, Soñar la muerte o La vida regalada.

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Así pues, podríamos optar por mojarnos y afirmar que Libre Asociación es, si bien no un álbum continuista, uno de los más trabajados y completos de The New Raemon por tres razones: por su buena producción y sonido, que moldean la atmósfera del álbum hasta darle un toque nuevo y distinto; por su buena ejecución, con una voz agradable e intensa en su justa medida, además de un acompañamiento preciso, y por último, por sus canciones. Letras incisivas y justas, con melodías y armonías que las amplifican y que consiguen que hacer que The New Raemon suene renovado y esencial al mismo tiempo.

Escucha “Libre Asociación” en Spotify!

Coleccionismo musical en la IX Fira del Disc

Este domingo 6 de enero cerraba sus puertas la ya tradicional Fira del Disc, este año en su novena edición, que durante tres días ha concentrado la actividad del coleccionismo musical en la capital catalana. Aficionados, melómanos y auténticos profesionales de este gremio llegados de distintos puntos de nuestra geografía han ocupado sus stands con grandes cubetas llenas de discos de vinilo, CD’s i DVD’s de todos los estilos imaginables. Puede resultar curioso y hasta paradójico que en estos tiempos en que el formato físico se da por muerto y enterrado sobrevivan este tipo de actividades, así que, para acabar de profundizar en ello qué mejor que pasarnos por allí y conocer el asunto de primera mano.

Nos acercamos a uno de los stands de la feria. En él conocemos a Ramon Robert Vilaseca, un acérrimo coleccionista centrado en el vinilo que nos cuenta que pese a no haberlos contado, la colección de su almacén de Igualada reúne unos 20.000 ejemplares. Hablando de grupos, los reyes de esta Fira están claros: The Beatles. Están presentes en todos los stands y tal y como nos cuentan, la gente sigue viniendo a buscarlos, aunque para Ramon, no existen fronteras de géneros para la buena música: “la buena música es aquella que trasciende en el tiempo. Actualmente hay muchos que sobreviven gracias al éxito inmediato, pero es solo coyuntural. Los clásicos siguen siéndolo siempre”. También le preguntamos por Internet: “La gente más joven tiene toneladas de música. Mi hijo me cuenta: tengo la discografía completa de Neil Young. Mi respuesta es: ¿cómo la tienes? Muchas veces no se diferencia ni el álbum, ni el año de edición, ni muchas otras cosas”.

Nos paramos también en el stand de Egara Discos, afincados en Terrassa, y esta vez sólo centrados en los CD’s: rarezas, CD singles y directos. Impresiona la cantidad de curiosidades que podemos encontrar en esta parada, que durante el resto del año vende exclusivamente a través de Internet: “A nosotros Internet nos ha hecho bajar ligeramente en las ferias. El ciente puede comprar durante todo el año, no tiene porqué esperar a la cita anual”. Hablamos también sobre la figura del coleccionista, sobre descargas y sobre crisis, y lo tienen claro: “Internet no cambia las cosas en ese sentido. Quien era coleccionista antes, sigue siéndolo ahora.” Aunque sí reconoce la parte negativa: las nuevas generaciones no lo consideran un asunto cultural. “Así como regalar libros se considera regalar cultura, la música para mucha gente y cada vez más es algo que escuchas accidentalmente en el coche, en la radio o mientras haces otras cosas. Eso sólo puede cambiarse educando”.

Xavier Hurtado, organizador de el evento, no da abasto en su stand, uno de los más extensos de la feria. Conseguimos conversar con él y, coincidiendo con las opiniones anteriores se muestra muy satisfecho del resultado de la Fira: “el balance es muy positivo, incluso hemos crecido con respecto a otros años”. Igualmente, aunque el perfil que vemos es mayoritariamente masculino y de mediana edad, para Xavier “siempre hay un público fiel, pero se acerca gente de todo tipo”.

Al hilo de nuestras impresiones, justo ayer leíamos en El Periódico de Catalunya un artículo de Joan Barril titulado “El desamparo de los sin papeles” en el que, con palabras certeras el periodista se imbuía de una sensación de fin de época al abordar el asunto cultural desde el punto de vista del papel, concretamente, de la nostalgia del papel. Tras nuestra visita a la Fira nos da por pensar en esta nostalgia del disco. Se trata realmente de una manera distinta de escuchar y de concebir la música, de dotarla de tiempo, de atención. Contrariamente a lo que pudiera parecer, sus profesionales y aficionados no consideran Internet como un enemigo, sino como un aliado, que puede permitirles acceder más rápidamente a nuevas recomendaciones o a nuevos coleccionistas. Pero para ellos la música es algo más que un fichero inmaterial: el formato disco tiene su razón de ser, lo entienden, lo interiorizan y dan la impresión de conocer al detalle cada uno de los ejemplares contenidos en su haber. Y pese a todo, no podemos evitar una cierta sensación de melancolía al salir del recinto. ¿Durante cuánto tiempo más existirá gente que valore el disco físico, que lo entienda como algo que puede estar vivo? ¿Acabarán los coleccionistas musicales convertidos en los nuevos anticuarios?

Para terminar volveremos a las líneas finales del artículo de Barril, en las que reproducía una frase de uno de los clientes de una tienda especializada: “Somos menos, el papel será más caro, pero se está acercando el momento en el que lo que vamos a escribir y el lugar sobre el que escribiremos será el gran encuentro entre arte y artesanía”. ¿No será quizás el posible camino también en el mundo del coleccionismo musical?

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