Una velada en el Romea con Manel

El pasado sábado Manel cerró la serie de conciertos de presentación de su segundo y esperado álbum “10 milles per veure una bona armadura”, en el Teatre Romea. Estuvimos allí.

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El pasado sábado se despedían del Teatre Romea de Barcelona Manel, grupo que ha conseguido colgar el cartel de “no hay entradas” cinco días seguidos para la presentación de su disco “10 milles per veure una bona armadura”. Y es que este grupo tiene algo especial: quizás sea la extrema originalidad en sus letras (no deja de sorprendernos la idea de, por ejemplo, Benvolgut, o la profundidad de La bola de cristall), el timbre de voz de Gisbert, la combinación de ritmos relajados y líneas agradables, o quizás todo lo anterior.

Exactamente eso fue lo que mostraron este sábado. Con todo y que el público estaba más que predispuesto a terminar bien su día de Sant Jordi, se alzó el telón y la noche se abrió con En Miquel i l’Olga tornen. El formato del concierto fue el más básico posible: los cuatro miembros del grupo sin ningún músico añadido más, es decir, batería, bajo, guitarra eléctrica y según el tema, acústica o ukelele. Esta decisión contrasta con la producción de su último álbum, cargada (¿sobrecargada?) de arreglos que van de toques electrónicos (Boomerang) a arreglos de tinte orquestal que cambian a cada sección (Aniversari). De esta manera, la puesta en escena de estos temas tuvo que adaptarse al cuarteto, con mayor o menor fortuna según el caso. De cualquier modo, soy de las que los prefieren sin adornos ni ambages excesivos, y temas como El gran salt, o Criticarem les noves modes de pentinats sonaron más directos y sinceros que en su versión enlatada.

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(Para aquellos que no controléis el catalán, si veis este vídeo desde Youtube, encontraréis la traducción en la descripción del vídeo!)

El ambiente durante todo el concierto fue de complicidad entre el grupo y con el público, pese a reconocer que ya se encontraban algo cansados tras todos estos días de presentación. No ayudó demasiado la afinación de las guitarras en algún momento, pero dejando esto a parte, los que sonaron claros y precisos, con gran respuesta (mayor si cabe) del público, fueron los temas de su primer álbum. Al mar, Pla Quinquennal o En la que en Bernat se’t troba funcionaron a la perfección.

El concierto terminó con Deixa-la, Toni, deixa-la, una canción que sorprende por lo poco que tiene que ver con el resto y que, para mi gusto, no termina de funcionar del todo en el álbum, aunque como cierre del concierto del sábado, consiguió que todo el público cantase esta línea marinera y la noche nos dejara un gran sabor de boca.  Y es que, pese a que uno quiera resistirse, acaba cayendo sin remedio en la sonrisa perpetua y la piel de gallina que despierta este grupo catalán.

Escucha a Manel en Spotify!

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