Los Mapas de Vetusta Morla

A veces tropieza una con discos que necesitan de un tiempo para ser asimilados. Es el caso de “Mapas” de Vetusta Morla. Toca paladear…

Alquimia Sonora - Vetusta Morla210

A veces tropieza una con discos que necesitan de un tiempo para ser asimilados. Nos estamos acostumbrando a un ritmo informativo vertiginoso, que nos lleva a crearnos opiniones drásticas sobre acontecimientos de forma casi immediata, y lo que sucedió ayer, mañana quedó en el pasado. Y yo, que queréis que os diga, no quiero acostumbrarme. Igual que no es lo mismo comerse una insípida barrita sustitutiva en tres minutos que sentarse a la mesa y masticar cada bocado. En ambos casos habrás comido, sí. Pero no es lo mismo.

Esa sensación también podría aplicarse a la música. Muchos compiten en ver quién es el primero en reseñar un lanzamiento, en escuchar los treinta segundos de avance, en devorar la barrita de fresa sintética. Quizás este sistema sirva para dar salida a discos de consumo inmediato, discos inconexos que no son más que una suma de doce o catorce cortes que tanto podrían ir ordenados de arriba a abajo que de abajo a arriba. Pero luego están las pequeñas obras de arte, y aquí es donde llega Vetusta Morla, con su disco “Mapas” bajo el brazo.

Sí, estuve en el primer concierto de Barcelona. Fue una noche increíble, y salí de la Sala Bikini con el disco en la mano, pero hasta ahora no he creído que pudiera dar una opinión medianamente meditada. La euforia de los conciertos ayuda a ensalzar sin medida, y sobretodo si las veladas son de la talla de la que nos ofrecieron los madrileños el pasado día 10, que abrieron con unos “Días raros” que ponían el vello de punta. Recuerdo cómo no podía abrir más los ojos, como si quisiera que el sonido también entrase por ahí. Algunas canciones más tarde, me empecé a habituar a la sensación y esa especie de éxtasis inicial fue disminuyendo, y fui prestando atención, sin querer, a las pequeñas incomodidades de cualquier concierto: el chico alto que inevitablemente siempre está delante de tí (sobretodo teniendo en cuenta que una no es lo que se dice, demasiado espigada), cuando no es una chica con pelo rizado que lo mueve frenéticamente a un lado y a otro o alguien que vocea la canción a pleno pulmón todo lo dentro del tono que puede, aun sin conseguirlo del todo. De cualquier forma, la sensación de estar escuchando buenos temas no disminuye. Centro mi atención en lo que pasa arriba: la ejecución es prácticamente perfecta, el grupo domina las nuevas canciones y hace sonar las antiguas como nunca (¡quizás debiera decir como siempre!). El volumen en ocasiones abruma, como en ese interludio psicodélico de que dotan a “La Marea“, una canción que empieza en las líneas más acústicas y limpias, deriva en un mar de sonidos distorsionados y compases irregulares y vuelve a su clima inicial, como si nos hubiéramos quedado atrapados en medio de una tormenta que finalmente amaina. Intensidad y más intensidad. Eso fue lo que vivimos en la sala Bikini, pese a esa costumbre que empieza a ser insufrible de tapar los acústicos de guitarra y voz desde el público. (Como si aquello fuera un karaoke, oiga.)

Aunque, la verdad, prefiero no quedarme con eso. Una vez digerido el concierto y el álbum, sólo podría quitarme el sombrero que no tengo ante esta vuelta tan esperada. No ha debido ser un trago fácil, y más con un listón como el que dejó “Un día en el mundo“, que dejó críticas difícilmente superables, como la del periodista Santiago Alcanda, que lo describió como el “mejor primer disco de un grupo en la historia del rock español“. No seré yo quien lo desmienta. Pero volviendo a “Mapas“, es un trabajo de orfebre (nota: también en cuestiones de diseño gráfico). Cada canción llega en su momento justo. La gran obertura de “Días raros” da paso a la sinceridad de “Lo que te hace grande“, que a su vez tiene continuidad con “En el río“, y así podría seguir hasta llegar al último corte. Un sonido elaborado, pero no cargante. Texturas llenas pero claras. ¡Dinámicas de volumen! (Sí, ¡eso que es tan difícil encontrar en el pop!). Líneas melódicas que suenan a Vetusta, pero sin hacerse repetitivas. Lo dicho, ¿se nota mucho que prefiero la comida a fuego lento?

Escucha “Mapas” en Spotify!

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