Recién llegada de un paréntesis en el mes de enero, me vuelvo a sentar a escribir. Parece que estos días la cosa anda revuelta, megauploads arriba y abajo, descargas sí, descargas no, libertad y libertinaje. Nadie cuenta con respuestas absolutas para esto, pero de cualquier manera, partimos de que Internet es una plataforma todavía muy reciente y en la que los cambios se suceden, como en aquella película de Mel Brooks, a velocidad absurda. Y claro, tanto legislaciones como las propias normas de convivencia se desarrollan siempre un paso o más por detrás de la propia realidad.
¿Mi posición? No puede ser. El “sálvese quien pueda” no es una buena política y si uno quiere respetar los derechos de los demás y que se respeten los propios, también deben existir las obligaciones. Me explico. Un supermercado tiene estanterías y estanterías llenas de comida. ¿Porqué pagarla si la necesito, literalmente, para vivir? ¿No sería mejor entrar y llevársela? Todos tenemos derecho a alimentarnos, que pague el que vaya al restaurante, pero el súper, para todos. Somos libres, ¿no?
Volviendo a la realidad cotidiana, la verdad es que estoy ya un poco cansada de ver como el papel del creador (incluyamos en esta categoría desde al más independiente al más comercial, tú eres quién decide el producto que consume) se pisotea una y otra vez con argumentos que apelan a una supuesta libertad del usuario. Resulta que una es músico y está bastante harta de pelearse por aquello de “si lo que os interesa es la promoción, mientras más gente te escuche mejor” o “si lo que da dinero es tocar en directo“. Por no hablar de la ignorancia supina que se manifiesta en frases como “los músicos viven como quieren, mira Alejandro Sanz y David Bisbal“.

Todo eso está muy bien, no voy a entrar a rebatir ahora cada una de estas afirmaciones, me escaparía del post. Y sí, las ventajas de Internet son muchas: la promoción, el contacto con tu comunidad de “fans”… Hay mucho que aprender y mucho que trabajar en este sentido, bandas como Love of Lesbian son un ejemplo a seguir en este campo (no hay que perderse este link sobre su ponencia en l’Escola Superior de Negocis de Sant Cugat).
Pero ustedes me perdonen, vamos a lo que vamos hoy, y es que una cosa es compartir y otra cosa es mr. Megaupload. Lo sé, nos gustaría haber imaginado a este personaje de otra forma: un informático en pijama, manteniendo sus servidores, defendiendo la libertad en la red. Pero resulta que nos hemos encontrado un personaje impresentable que se ha hecho millonario a base de un portal que comparte (¿trafica?) archivos ajenos.
“Esto no mata la música: la música sigue adelante, hay músicos y bandas hasta debajo de las piedras”, me dirá alguno. Pues bien, en mi opinión, si alguien no se arremanga sólo se consigue una cosa: que sigan debajo de las piedras.
PD: Sustitúyase música por literatura y se abre un nuevo panorama: ¿será el futuro de las librerías el mismo que el de las tiendas de discos?










